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LOS EXTENSIONISTAS AGRÍCOLAS COMO PROMOTORES DEL DESARROLLO COMUNITARIO

Gloria Inés Suárez López

1. INTRODUCCIÓN

El desarrollo comunitario es uno de los objetivos fundamentales de los organismos que intervienen en el medio rural de los países en desarrollo. Todos ellos buscan, de una u otra forma, el incremento de los niveles de ingreso y bienestar de esas poblaciones, así como la creación de los lazos sociales necesarios para preservarlas como organismos dinámicos, coherentes y estructurados, como condición indispensable para darles sostenibilidad en el tiempo y espacio. Han sido y son muchos los recursos que se emplean en la búsqueda de estos buenos propósitos, pero existe insatisfacción sobre los logros e impactos reales que se han conseguido, no únicamente de los organismos de desarrollo, sino particularmente de los mismos pobladores rurales. Este sentimiento, no opaca en lo más mínimo los importantes logros obtenidos en muchas comunidades del país que evidentemente han visto avances considerables en sus condiciones de existencia.

La extensión agrícola ha estado enfrentada, desde sus mismos inicios, a los retos del desarrollo comunitario en el medio rural, pues la vida de las comunidades ha estado indisolublemente ligada a la agricultura. De esta forma, los extensionistas agropecuarios han actuado como promotores del desarrollo comunitario. Sin embargo, esta labor no ha sido plenamente incorporada a su perfil profesional, y en muchas ocasiones ha sido vista como una carga laboral adicional o como una distorsión de sus funciones tecnológicas. Por otra parte, los centros de formación técnica y profesional han reaccionado muy lentamente a estas exigencias sociales y los organismos de desarrollo también lo han hecho de una manera tardía e inconclusa. Se está en una situación que todavía no incorpora plenamente las obligaciones sociales del profesional en los currículos y planes de estudio y los organismos de desarrollo aún no realizan las reformas necesarias para incorporar organizacional y programáticamente en la extensión agrícola los aspectos relacionados con la promoción del desarrollo comunitario.

En las condiciones actuales de globalización económica, la comunidad rural cobra una extraordinaria importancia. La estandarización de las normas comerciales, la uniformidad en muchos patrones de consumo y estilos de vida, hacen de la diferenciación y la identidad comunitaria una extraordinaria fortaleza. De esta forma los elementos propios de estas economías y culturas locales tienen la oportunidad y necesidad de convertirse en una ventaja competitiva de dichas comunidades como aporte fundamental a los procesos relacionados con el incremento de los indicadores del desarrollo humano. Por tal razón, la extensión agrícola exige una clara ética de conducta como condición básica para asumir el compromiso que tales procesos exigen.

En la complejidad del desarrollo comunitario, el extensionista agropecuario, como promotor de dicho desarrollo, requiere de un conjunto de métodos y técnicas de trabajo que le permitan intervenir en forma exitosa, es decir, potenciando las propias fuerzas de las comunidades rurales para que sean ellas quienes autogestionariamente hagan de la comunidad rural un organismo social próspero.

En este trabajo hemos querido realizar estos planteamientos con el afán de aportar elementos de discusión en el ámbito académico e institucional, en respuesta a la cordial invitación que se nos hizo de parte de la EARTH a participar en el seminario "Alianzas Estratégicas para el Desarrollo Comunitario.

2. EL MEDIO RURAL EN EL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN

El proceso de globalización que se vive en la actualidad tiene importantes impactos sobre el medio rural y las comunidades que lo constituyen. La apertura de los mercados que este proceso exige ha colocado en condiciones desventajosas a la producción que sustenta la vida de estas poblaciones con la introducción de productos provenientes de economías más desarrolladas, con parámetros productivos y económicos de mayor eficiencia. De esta forma, la pequeña y mediana producción agropecuaria ha estado sometida a presiones por medio de los mecanismos del mercado y de las políticas públicas particularmente desafavorables. De una manera especial los productores de productos tradicionales que no habían logrado alcanzar niveles adecuados de eficiencia productiva, ha recibido el mayor impacto negativo. Ello desde luego, se ha traducido en la desestabilización de muchas comunidades rurales del país. El cambio en la actividad laboral, en los patrones de producción y de consumo y también en el impulso a la migración a otras zonas ha transformado de una manera negativa las condiciones de existencia de estas comunidades.

Por otra parte, el surgimiento de nuevas inversiones en la agricultura en muchas zonas rurales del país, ha significado también cambios importantes en la vida económica, social, cultural y ambiental de las comunidades. La existencia de empresas agropecuarias modernas se ha presentado como una oportunidad laboral, con efectos importantes en el nivel de ingresos monetarios de dichas comunidades. Estas personas que han encontrado nuevas fuentes de empleo ha decidido abandonar parcialmente su propia producción agropecuaria, que no puede competir en términos de ingresos con el salario pagado por dichas empresas. Esto ha significado una mayor proletarización de las comunidades, pasando a depender de relaciones fundamentalmente salariales.

El auge de otras actividades económicas, especialmente el turismo, también ha tenido un impacto importante en las comunidades rurales, en primer lugar convirtiéndose en una fuente de empleo. También ha reducido la rentabilidad comparativa de la tierra agrícola. Efectivamente, la elevación extraordinaria de los precios de la tierra, se ha convertido en una atractivo para los propietarios de la tierra, lo que ha conducido al abandono de parte de ellos de la actividad agropecuaria. Ese auge turístico ha impactado significativamente los patrones culturales de algunas comunidades importantes del país.

A la par de los efectos negativas que este proceso ha implicado, también se están presentando oportunidades importantes tanto en el ámbito de la producción agropecuaria, especialmente en su relación con el turismo y el ambiente, como en el desarrollo de las actividades artesanales y culturales. Sin embargo, es necesario señalar, que estas iniciativas, algunas de ellas exitosas, no constituyen aún una tendencia suficientemente fuerte y coherente. Es notable, la carencia de políticas públicas que rescaten las débiles iniciativas y las estructure en una estrategia nacional que pueda potenciar el desarrollo comunitario del medio rural de una forma significativa.

Las tendencias desarticuladas y no planificadas, alentadas por el proceso de globalización, como se vienen dando, pueden transformar en forma drástica la configuración económica, social, cultural y ambiental de las comunidades rurales con efectos verdaderamente negativos en la estructura de la familia rural y en el conjunto de la vida nacional.

3. ACTORES Y FACTORES DEL DESARROLLO DE LAS COMUNIDADES RURALES

Los actores y factores que intervienen en el desarrollo de las comunidades rurales, son múltiples, variados y complejos. No existen factores únicos, unilineales y normalizados que puedan explicarlo. Esto hace que esta tarea, sea verdaderamente difícil. Las fórmulas preestablecidas no parecen funcionar y el pensamiento y acción tecnocrática no logra encontrar salidas válidas. De esta forma se presenta un reto paradigmático de extraordinaria importancia. El pensamiento científico tradicional exige ser acompañado por otra forma de pensamiento que pueda captar factores intangibles de extraordinaria variabilidad y especificidad, relacionados con el comportamiento de los actores sociales.

A los factores tradicionales implicados en las dimensiones económicas, sociales, ambientales y culturales, se agrega la necesidad de la articulación e interrelación, exigida por un pensamiento sistémico, capaz de ver en la comunidad rural un organismo vivo, dinámico, cambiante y único. La disciplina del pensamiento sistémico aparece como la herramienta más poderosa para la interpretación de las comunidades rurales y en la condición fundamental para hacer de la extensión agrícola una disciplina eficaz en el proceso del desarrollo comunitario.

Los factores del desarrollo comunitario rural, interpretados en forma holística, dan lugar a una visión de la totalidad social, condición básica para que el extensionista agropecuario se desempeñe como una promotor del desarrollo suficientemente eficaz.

Dentro de los actores del desarrollo de las comunidades rurales, es necesario resaltar el rol de los elementos externos a ellas mismas. Cuáles son las características, significación y magnitud de su aporte. Dentro de estos actores es preciso hacer mención al rol del Estado. Todos los movimientos financieros, conceptuales e ideológicos que se han realizado por minimizar el rol del Estado en el desarrollo comunitario, no han podido demostrar en la práctica la perdida de su vigencia. En primer lugar, el vacío de la orientación estratégica del Estado para el desarrollo comunitario, está demostrando, desafortunadamente por la negativa, la necesidad de su participación activa en este aspecto sustantivo. El monitoreo de la construcción de una visión estratégica compartida en las comunidades rurales es una función particularmente estatal y pública, difícilmente reemplazable. En dicho sentido, a la par de un conjunto de servicios públicos también fundamentales, este actor sigue siendo absolutamente vigente e indispensable. Pero evidentemente, se requiere cambios de ética y métodos de trabajo, para que se oriente hacia un desarrollo humano autogestionario y sostenible. Ello implica la utilización de su poder para la construcción de sociedades más justas, democráticas y libres, y no para la conservación de los privilegios ya establecidos.

En este marco de ideas, se inscribe el extensionista agrícola como corresponsable de esta función pública en su dimensión estratégica y de servicio.

4. LA ETICA DEL DESARROLLO COMUNITARIO

La fuerza del desarrollo de las comunidades rurales es el compromiso de los distintos actores con este propósito. La debilidad o ausencia de las relaciones de compromiso con el desarrollo conduce necesariamente a la anomia y esta a los graves procesos de desarticulación y descomposición social. Por tal razón es que el desarrollo es reversible y no un camino ascendente y progresivo.

La base de dicho compromiso es la ética del desarrollo. Esta ética, hoy, más que ayer, es necesaria, pues el desarrollo humano se sustenta cada vez más en un conjunto de valores compartidos creados como proceso social y organizativo. Esta ética indaga sobre el sentido de la acción y las repercusiones para la vida humana. Aspectos relacionados con la igualdad, la calidad de la vida de las personas, la naturaleza de las relaciones entre los sexos y las generaciones, la finalidad del consumo y de la relación con la naturaleza. La ética del desarrollo está fundamentada en la calidad de todos estos bienes compartidos.

El extensionista agrícola como promotor del desarrollo, se sustenta en el compromiso y en consecuencia debe basarse e una ética que cuestione los valores en que se han sustentado muchas de nuestras instituciones, empresas, organizaciones e individuos, que han colocado los objetivos económicos y los valores del mercado por encima del bienestar de las comunidades rurales.

Entre la comunidad y el extensionista agrícola, como promotor social, se exige identificación, valores compartidos, compromisos conjuntos y acciones coordinadas y articuladas hacia objetivos comunes.

En el proceso actual de globalización de las sociedades, el extensionista agrícola se le demanda el cumplimiento de un rol diferenciado en tres grandes sentidos: como actor de un sistema de información y conocimiento, pues el desarrollo de las comunidades rurales requiere la contribución de los adelantos científicos y tecnológicos en el ámbito de la producción y comercialización agropecuaria, la organización social y la preservación del medio ambiente. También debe actuar en los procesos propios de la articulación social de las comunidades rurales, contribuyendo con su acción a la solución de conflictos, establecimiento de acuerdos, creación de estructuras sociales, formación de liderazgos y facilitador de espacios adecuados y democráticos para el análisis y la participación social. En tercer lugar, la extensión agrícola como promotora del desarrollo comunitario debe ser parte y abogar por una nueva institucionalidad, por una relación horizontal y dialógica entre el Estado y la Sociedad Civil, que permita que permita construir una sociedad más próspera y democrática.

5. LOS MÉTODOS Y TÉCNICAS PARA LA EXTENSIÓN AGRÍCOLA EN LOS PROCESOS DE DESARROLLO COMUNITARIO

El marco conceptual hasta ahora esbozado, no es suficiente si este extensionista está desprovisto de métodos y técnicas coherentes y eficaces. En otras palabras, se requieren herramientas que permitan pasar de la teoría a la acción. Al igual que los conceptos, también los métodos y técnicas se basan en principios fundamentales. En primer lugar, deberán ser dialógicos, no sólo basados en el conocimiento técnico y científico, sino en procesos de relación horizontal y con actitudes abiertas al aprendizaje de lo cotidiano por medio de la interrelación entre las personas en una actitud de respeto por el conocimiento de los demás. En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, los métodos y técnicas deben ser participativas, como condición para potenciar y posibilitar el rol protagónico de los propios actores de las comunidades y de producir nuevos paradigmas y normas de relación y conducta entre las instituciones y organizaciones y las comunidades rurales.

Los métodos utilizados por el extensionista agrícola, como promotor del desarrollo comunitario, son fundamentalmente cuatro: el primero, el diagnóstico participativo de la realidad rural, el segundo la preparación de la acción mediante la identificación, formulación y ejecución de planes generales y específicos; en tercer lugar, el seguimiento y la evaluación participativa, como el método que permite el control social por parte de las comunidades rurales, el proceso de aprendizaje a partir de las propias experiencias y el paso hacia niveles superiores de acción.

5.1. EL DIAGNÓSTICO PARTICIPATIVO

El conocimiento colectivo y participativo, de la realidad rural es el punto de partida de toda acción de las comunidades rurales. Por tal razón, el extensionista agrícola debe participar y facilitar en este proceso como apoyo metodológico y operativo de ese conocimiento. Los límites de la realidad rural son progresivos en el conocimiento de las propias comunidades, en el sentido de que por un proceso de aproximaciones sucesivas, van superando los mismos límites geográficos de la problemática, así como pueden profundizar cada uno de los aspectos que componen esa realidad. Esto comprende también el nivel de conocimiento de las interrelaciones entre los distintos temas, aspectos y factores que intervienen.

Lo anterior significa que el diagnóstico de esa realidad es un proceso que siempre debe ser profundizado, revisado y reconceptualizado, sin que ello signifique que dicho diagnóstico se convierta en un lastre o impedimento para la acción.

Desde el punto de vista de los factores a considerar, el diagnóstico debe realizarse desde una perspectiva situacional, es decir de una realidad determinada para ser considerada en su carácter integral. Por parte de los actores, la participación de todos los involucrados es una condición para un diagnóstico que conduzca a mayores niveles de análisis y objetividad y que implique compromiso para la ejecución.

Las técnicas de diagnóstico son ricas y variadas. En el momento actual, existe un arsenal de técnicas para el diagnóstico basadas en la dinámica de grupos, dramatización, encuestas participativas, mapas de recursos, transectos (recorridos) para el conocimiento de los recursos naturales, los mapas sociales de comunidades, los gráficos de tendencias, las diagramas de Venn (identificación de relaciones) y los perfiles institucionales.

5.2. LA PLANIFICACIÓN PARTICIPATIVA

Con base en el diagnóstico de la realidad de las comunidades rurales, deben de emerger planes de acción del más diverso orden: de carácter estratégico, de acción de mediano y corto plazo o la confección de proyectos específicos. Todos ellos, deben facilitar la acción organizada de las comunidades rurales, hacia los aspectos más críticos identificados y analizados.

La definición de los objetivos buscados, los resultados a alcanzar, las acciones necesarias y la responsabilidad de la ejecución, son aspectos claves de dichos planes o proyectos, así como la organización necesaria para la coordinación de su ejecución.

El principio de no sustitución de los actores es fundamental en la ejecución de los planes diseñados, pues no se trata de los resultados per se, sino de la potenciación de la acción comunitaria por medio de la acción y la reflexión, de tal manera que se abra un proceso de crecimiento social en forma organizada.

5.3. EL SEGUIMIENTO Y LA EVALUACIÓN PARTICIPATIVA

La estructuración de los organismos, mecanismos y procedimientos de seguimiento, que aseguren la ejecución de los planes de una forma flexible y creativa, es uno de los aspectos más débiles de los procesos de extensión agrícola. La interiorización de este método por parte de todos los actores de las comunidades rurales, incluyendo el extensionista agrícola, se convierte en una acción estratégica del proceso de desarrollo.

La transparencia de las técnicas empleadas, el grado de información hacia el conjunto de la comunidad, las actitudes tolerantes pero firmes ante los hechos y responsabilidades, son elementos claves en este proceso de seguimiento, a través del cual, todos los actores participantes pueden crecer hacia mayores niveles de desarrollo humano.

Las técnicas participativas de seguimiento posibilitarán mayores grados de control social, de participación responsable de los distintos actores y de la aplicación del principio de rendición de cuentas de las instituciones públicas en el nivel local.

La evaluación participativa, no es el final, sino una etapa de un proceso continuo hacia niveles de acción de mayor profundidad y complejidad. Retomando la realidad del diagnóstico participativo, la evaluación debe centrarse en la modificación que se ha logrado alcanzar de las motivaciones originales de la acción. Con base en dichas modificaciones o impactos, se vuelve a comprender la misma realidad y a continuar el proceso en estadios de mayor profundidad y significado.

El extensionista agrícola, como promotor del desarrollo comunitario, es parte de este proceso. Una parte externa, pero comprometida, que aporta conocimiento técnico y metodológico de las disciplina formales, pero además capaz de aprender y compartir con el conocimiento tradicional y propio de las comunidades, tan valioso como lo es el derivado de la formalización académica.

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